- Papá… – dijo sonrojándose - …soy gay.

Al escucharlo sintió su cuerpo estremecerse. Recordó los quince años transcurridos con el fuerte viento de una tarde de otoño entrando por la ventana y golpeándole el rostro. Sus angustias, sus meritos, la vida que había forjado, su niñez, sí, sobre todo su niñez; la primera pregunta que se hizo fue: ¿quiero que mi hijo pase por eso? Sabía de los ataques que sufrían; sus padres, aun de adultos, tuvieron que pasar por muchos altos y bajos debido a la desaprobación de los demás, que aunque no eran todos, si eran muchos. Recordó la primera vez que lo tuvo en sus brazos y pudo sentir su olor y su tersa piel, no pudo evitar soltar algunas lágrimas; no, no era tristeza, furia o desilusión, era alegría, su hijo estaba convirtiéndose en un hombre.

- ya lo sabía – le sonrió – solo esperaba que me lo dijeses.

- Desde cuando?

- Desde que tienes uso de razón.

- No te creo – volvió a sonrojarse.

- Créelo – se abrazaron – gracias por confiar en mi.

- Eres el primero al que se lo he dicho.

- Gracias – lo beso en la frente – pero sucede que en estos temas no soy un gran conocedor.

- No te entiendo.

- Es mejor que hables con tus abuelos, ellos vana a poder ayudarte mejor que yo.

- Lo se, te parece si paso el fin de semana en su casa.

- Puedes ir, pero ahora que recuerdo tu hermana también iba a hacerlo.

- Entonces iré con ella.

Lucca se había casado con Amanda, fruto de su relación, algo inesperado cuando se enteraron, tuvieron mellizos, un hombre y una mujer a los que llamaron Joaquín e Isabela. André y Diego no pudieron evitar engreírlos todo lo que pudieron, claro que siempre evitando llegar a malcriarlos por que no lo tolerarían. Joaquín era una de esas personas que eran muy hábiles, podía desenvolverse con facilidad en lo que se propusiese pero nunca tenía un gusto predilecto por algo, ese era el motivo por el cual siempre estaba haciendo cosas nuevas, buscaba algo a lo que dedicarse. Amanda, an cambio, siempre mostró un poder de decisión bastante único, tenia cierta vocación al servicio, le gustaba ayudar, prevenía cualquier situación que le causase problemas o ideaba con facilidad como librarse de una, disfrutaba mucho de las ciencias y de comprar.

- ¡abuelo! – dijo Isabela, cuando Diego le abrió la puerta; lo abrazo.

- Hola hija – la besó en la frente – y tu hermano?

- Ya llega con papá

- Bueno hija pasa ¿en que cuarto te vas a quedar?

- Como siempre, en el de huéspedes, a mi hermano le gusta estar en el de papá, además me gusta más el otro.

- Como digas.

- Y mi otro abuelo – sonrió

- En el estudio, esta escribiendo, ve a saludarlo.

- Sí, tiene que ayudarme con algo del “cole” – caminó hacia el estudio, toco la puerta y entro sin esperar respuesta. Sus ojos brillaron al entrar.

- Hola “abue”

- Hola hija, ven – la abrazo y beso.

- Necesito tu ayuda en algo, antes que venga mi hermano.

- Esta semana hablaron sobre tus libros en clase de literatura.

- Ya lo han hecho antes ¿no? Que cambio esta vez?

- Verás, nadie sabe que soy tu nieta y la profesora nos dejo hacer un trabajo sobre tus obras, así que… quien mejor tu para ayudarme a descifrarlas.

- Eso no seria justo, tendrías una ventaja sobre los demás.

- Sabia que me dirías eso, por eso no te pido que me digas todo al respecto pero que al menos me guies o me des alguna forma para hacer el trabajo, por que como no dejaste que publiquen alguna biografía tuya es bastante complicado estudiar tus obras.

- Bueno, dejame pensar… mas tarde te digo que haemos.

- Gracias “abue”, voy al cuarto – lo besó en la mejilla y salió del estudio.

En todo el tiempo que tenían para meditar las conclusiones habían sido claras, observaban lo suficiente como para saber que ese día llegaría en algún momento. Vieron llegar a Lucca y Joaquín supieron que el momento había llegado. Lucca entro al departamento, Joaquín se quedo parado bajo el umbral de la puerta viendo a sus abuelos fijamente y ellos a el, y justo como le habían enseñado, habló sin hablar. Un par de minutos después, de solo mirarse, se abrazaron; entraron al apartamento conversaron con la normalidad de siempre, no mucho después lucca se retiro porque tenia que ir a trabajar.

- como esta su mamá? – preguntó Diego.

- Bien, esta pensando en salir con mi papá ahora que no estamos en casa.

- Me parece bien – respondió André – chicos ya se como vana hacer su tarea, como no los puedo ayudar porque no seria justo, pues ustedes mismos vana buscar su información en el cuarto pequeño al lado del deIsabela estan todas las cosas de nosotros, fotos, cartas, recuerdos, dibujos, de todo. Asi que de ahí van a investigar.

- No seria mas fácil si nos lo dices – dijo Joaquín, André levanto el seño – ok. Vamos a buscar.

- Pero después de almorzar – dijo Diego - ¿la comida ya esta lista amor?

- Si mi vida - contesto André dándole un beso a su dulce amante.