Luego de las claras confusiones de aquel día Lucca, aunque aun se relacionaba con Miguel, habían dejado de verse tan seguido como antes. El pensaba que así era mejor sus acciones alteraron su amistad, nunca podrían verse igual que antes, así cada uno podría seguir con su vida sin problemas.

- soy gay por esto?

- Tendrías que hacer mucho mas para ser gay – contesto Diego, luego de escucharlo hablar sobre lo sucedido.

- Entonces?

- Creo que conoces la respuesta, pero no quieres admitir tu error.

- Te refieres a el echo de que malinterprete todo.

- Eres mi hijo, te conozco lo suficiente como para decirte que no eres gay y tu lo sabes, el que no quieras aceptarlo aun es un incógnito.

- Me gustaría ser como ustedes – agacho la cabeza

- No tienes que serlo, solo debes ser tu.

- Pero a ustedes les ha ido muy bien.

- Lo dices como si ser gay fuese una bendición, serlo no te da una ventaja sobre los demás. Algunos lo son y otros no, nos hace diferentes no superiores.

- También quiero encontrar a alguien con la cual pasare el resto de mi vida.

- Lo vas a hacer, solo debes ser paciente.

Continuó pasando el tiempo, no se detuvo por nada ni nadie, dejó su huella en el cuerpo de los amantes, dejo su huella en el crecimiento de Lucca. El joven estudiante había recorrido mucho, desde ser fastidiado por los padres que tenía hasta sus propias experiencias de intimidad, sus padres estaban orgullosos de el, pero estaba por pasar por un cambio que no siempre es tan fácil y aun no sabía que camino recorrer.

- ya lo has pensado – preguntó el orientador vocacional.

- Bueno si un poco, pero aun tengo mis dudas

- Cuéntame…

- Vera usted conoce a mis padres, sabe como son.

- Y que con eso.

- Esta ahí exactamente el problema, uno me mostró sobre ciencias y el otro sobre artes.

- No tienes porque seguir sus caminos.

- Ahora, uno tiene la clínica y otro el restaurante, uno es doctor esotro comunicador; y la cosa está en que no quiero desligarme de ellos de esa forma.

- No lo estarías haciendo, ellos van a aceptar la decisión que tomes.

- Según las pruebas que hemos hecho, tienes aptitudes para muchas cosas pero solo debes elegir una verdad, y creo saber cual te va a interesar mucho.

- Lo escucho.

Quizás la vida no siempre tiene desenlaces felices, pero esta que llevaban, sin importar las dificultades, había sido la mejor de todas. André, muy de vez en cuando, encendía un par de velas junto con un incienso de canela y otro de vainilla, y sentándose en un pequeño círculo ubicaba siete cuarzos alrededor suyo. Para este ritual requería el silencio total, por lo que el único momento para practicarlo era cuando estaba solo; pero, ese día Lucca había olvidado los planes de su padre y entro al apartamento de manera bastante ruidosa. Cuando estuvo dentro y sintió el olor del incienso se alisto para recibir una reprimenda.

- Creo haberte enseñado lo suficiente de ocultismo como para que sepas algunas reglas básicas ¿verdad? – dijo sin alterarse sin abrir los ojos.

- Lo siento – contesto avergonzado.

- No estoy molesto, sabía que ibas a llegar – abrió los ojos y vio a su hijo con la mochila colgando de su hombro.

- Pero como… - cayó de golpe cuando vio los confusos mapas de su padre a su lado. – está papá?

- No mi vida, fue a la clínica.

- Que pasa?

- Nada

- Vamos, sí me enseñaste lo suficiente sobre ocultismo como para saber que pasa algo.

- Esto es algo que se relaciona contigo…

- Cuéntame – se sentó frente a su padre dentro del círculo.

- Cuando aun no conocía a Diego, escribí un libro al que llamé “Las noches que no se olvidan”.

- Nunca me has hablado de el.

- Lo sé, pero ese no es el punto. Cuando comencé a salir con Diego, tu papá, decidí escribir una continuación, el cual ya termine, y actualmente aun escribo una tercera parte.

- Y cual es el problema.

- Hasta el momento aun no los he publicado por que narran sucesos de mi vida que son bastante reveladores y quería evitarte problemas con tus amigos y esas cosas, pero ahora ya estas mas grande y entiendes mucho mejor que antes estos temas, mas aun no se si publicarlo.

- Deberías hacerlo. Lo que diga la prensa no me importa, eres bueno en lo que haces y ya tienes bastantes lectores. Además, cual es el problema, ya todos saben que eres gay.

- Estas seguro.

- Sí, pero con una condición… yo tengo que haberlo leído antes de que lo publiques.

- Tienes 16 no 18, aun no es para ti.

- Ya pues.

- Está bien. Toma la llave, está en el primer cajón de mi escritorio.

- Gracias. ¿Qué vas a hacer ahora?

- Preparar mi clase de mañana, ven dame un beso – Lucca besó a su padre en la mejilla y fue camino al estudio.

- Espera hijo… algo mas –

- Dime

- Ya elegiste que seguir mira que te queda un mes para terminar secundaria.

- Sí, ya elegí. Algo con un poco de ciencias, un poco de arte…

- Arquitectura

- Me arruinas el misterio, bueno, me voy a leer nos vemos en un rato.

- Nos vemos hijo.

Diego llegó del trabajo algo cansado por el trajín del día. A pesar de ser el dueño no había dejado de practicar su carrera, de cierta forma era como si estuviese trabajando para el mismo, algo que solía causarle gracia. Esta vez aun llevaba puesto su ropa de trabajo, pues había salido apurado para poder encontrar a sus amores despiertos. Caminaba hacia la habitación y noto la luz del estudio encendida, cuando abrió la puerta pudo ver a su hijo durmiendo encima de un grupo de hojas.

- Lucca, Lucca – lo llamaba

- Hola – este abrió un ojo aun con sueño – que hora es?

- Las 11 de la noche, vamos te acompaño a tu habitación.

- Estuve leyendo todo el día. No hubiese pensado que papá hiciese eso –bostezó camino a su habitación.

- De que hablas?

- Las noches que no se olvidan

- Ah eso, bueno no todo lo hizo el, algunas experiencias las tomo de otras personas o las invento.

- No sabía eso. Bueno mañana sigo leyendo, estoy cansado. Buenas noches viejo – lo beso en la mejilla y entro a su habitación.

- Buenas noches – Diego cerro la puerta.

Entró a su cuarto y vio a André echado en la cama escribiendo en la computadora portátil. Se miraron por un momento como si conociesen algún lenguaje extraño por el cual se estuviesen saludando y contando lo que hicieron en el día, en realidad era así, las miradas les eran suficientes para decirse todo lo que quisiesen, principalmente para decirse: “te amo”.

Esa noche como otras se dijeron con solo mirarse: “hola”; “hola”, contestaba; “te amo”; “yo también te amo”, un pequeño beso; “no tengo mucho que contar hoy”; “tal vez yo si, pero prefiero dejarlo para después”; “¿Por qué?”; “porque ahora te deseo”. Se miraron como si estuvieran dispuestos a, literalmente, comerse.

- Ven acá.

- No tienes que decírmelo – Diego se despojo de su uniforme mostrándose como todas las noches, pues todas estaban dispuestos a amarse.

El tiempo pudo haber alterado sus cuerpos, pero ni sus mayores intentos lograron que su amor y pasiones cambiaran. Habían desarrollado, después de tanto tiempo juntos, una habilidad para conocerse a profundidad, sin temores ni reparos, era solo amarse enredarse entre sábanas, ser uno solo, olvidarse del mundo. Es vivir esa utopía realizable que ellos habían logrado encontrar.

Esa utopía era su familia.