Transcurrieron los años rápidamente. Lucca ya estaba por terminar la secundaria; André había publicado varios de sus libros, el restaurante marchaba sin problemas y ahora trabajaba como profesor universitario; y Diego decidió no quedarse atrás por lo que le habían hecho en su antiguo trabajo, solo que obró de una manera diferente, junto con algunos socios capitalistas abrió su propia clínica convirtiéndose en la mayor competencia de Gabriela. El tiempo en el que estuvieron sin empleo tuvieron que ser muy cuidadosos con las inversiones y desiciones que hacían puesto que ponían mucho en juego, para su buena suerte, los libros tuvieron buena acogida rápidamente y la clínica genero ingresos antes de lo esperado. Sus vidas habían cambiado.

Estaba un poco cansado pero esperaba darse el tiempo suficiente para poder continuar escribiendo su nuevo libro. Vio una mochila en el sofá que no era la de Lucca, lo mas seguro es que estuviese con uno de sus amigos, pensaba. Cuando abrió la puerta de la habitación de Lucca se llevó una sorpresa.

Durante su cuarto año de secundaria Lucca había conocido a Miguel, quien es ahora su mejor amigo, este es bastante divertido y atrevido (o al menos lo es para Lucca) pero tenia un secreto que lo carcomía por dentro y gracias a la confianza que le tenía se atrevió a contárselo.

- estas bien? – le preguntó Lucca mientras caminaban hacia el paradero.

- Si… bueno… no… ya no importa

- Que pasa? cuéntame, no seas idiota.

- Bueno…. hay algo sobre mi que todos desconocen y es por que muestro una imagen distinta en publico….mmm…

- Que es lo que intentas decirme

- Lo que pasa es que… yo… mejor olvídalo

- Se trata de tu homosexualidad?

- Ah? – Miguel se detuvo en seco, tragó saliva. No esperaba que le dijera eso – lo sabias?

- Yo también tengo un secreto – confeso sin avergonzarse – tengo dos papás – Miguel lo miro sin entender – que tonto, veras mis dos padres son hombres… es decir tengo papá y papá, no mamá y…

- Ya entendí. Es por eso que cada vez que alguien va a tu casa no hay nadie, solo invitas cuando sabes que tus padres no van a estar. Pero no crees que…

- Ellos lo saben. Es decir no todos están preparados para una familia como la nuestra y queremos evitar problemas mayores. Pero nos estamos desviando del tema.

- Bueno… - se sonrojo -¿Cómo lo supiste?

- Vivo con dos, se me hace muy fácil identificarlos.

- Si tu lo dices.

La relación de amigos entre los dos no se vio alterada de manera negativa, el haberse confiado sus secretos hizo que pudiesen ser mas abiertos en las cosas que compartían, hablaban o hacían. Miguel conoció a los padres de Lucca y se sintió inspirado de alguna forma, ‘yo también quiero llegar a ser como ustedes’ les dijo.

No mucho después de eso, miguel, conoció a un muchacho del cual se enamoro y como hecho un golpe de suerte este confeso también estar interesado en él. André y Diego conocían las dificultades de una relación de ese tipo, así que les permitieron usar su antiguo apartamento (el cual pocas veces usaban) para que se sintieran mucho más cómodos. Miguel aceptó la invitación con una amplia sonrisa y un fuerte abrazo, se sentía bastante complacido de la generosidad de los padres de su amigo.

Lucca por otra parte descubrió un sentimiento extraño que le daba vueltas. Notó que todo había comenzado cuando Miguel le contó sobre su primer enamorado. Sentía no poder soportar escucharlo comentar sobre lo dulce que era con él, sobre las cosas que habían hecho juntos, y aun mucho peor, que comente su intimidad de pareja. Al poco tiempo, Lucca tuvo que admitir que estaba celoso.

- hola “luc”- como ya era común, miguel había ido a visitar a su mejor amigo.

- Hola man – se sentía un poco nervioso – pasa, estaba por bañarme, pensaba que no ibas a venir, como sueles llega mas temprano.

- Si, es que se me pasó el tiempo con mi bebé.

- Ah… OK. – bajo la mirada – por que no me esperas en mi cuarto hasta que termine de bañarme.

- Bueno… - Lucca se metió en el baño y Miguel fue camino a la habitación.

En la ducha Lucca confrontaba sus sentimientos, se sentía confundido, ilusionado, temeroso, no sabía que hacer. Pensó muchas veces en separarse de Miguel, pero la verdad es que no podía hacerlo, no era lo correcto ni lo real. El agua caía sobre su cuerpo joven, sus enredos parecieron irse con el agua. Creía tener una respuesta.

Lucca abrió la puerta de la habitación. Miguel se sorprendió un poco de lo que veía; un joven con el cuerpo completamente mojado y con una pequeña toalla cubriendo su intimidad entraba a al habitación como su mejor amigo.

- Será que nunca te quitas el polo o estoy comenzando a volverme ciego.

- Por que lo dices – contesto Lucca

- Tú,… no me había dado cuenta de tu… físico. Ahora entiendo porque medio salón se emociona tanto al verte.

- Déjate de tonterías

- Oye! No bromeo, es verdad… estas… como lo digo… hot!

- No lo creo – comenzó a secarse el cuerpo

- no miento con esas cosas

- De verdad piensas eso – se acerco a Miguel poniendo su cara frente a la suya, la toalla de su cintura calló.

- Bueno… - bajo la mirada y pudo observar el cuerpo desnudo de Lucca – eh…bueno… el ejercicio… eh… esta dando sus… eh… resultados – sonrió nervioso.

- Que bueno que lo hayas notado – cerró sus ojos y muy lentamente termino por juntar sus labios con los de Miguel. Se sentía malvado, como guiado por algo que no era él. No sabía que tipo de error podría de estar cometiendo. Sus labios chocaban y se humedecían mutuamente, Lucca tomo a su amigo por la cintura y lo hecho en la cama sin dejar de besarlo. Recorrió aquel cuerpo evitando olvidarse de algún lado que le propiciara placer, besó y mordisqueo su cuello. De sus actos, solo sabía que el escuchar los gemidos de placer de Miguel lo hacían sentirse satisfecho. En esa mezcla de sentidos desorbitados y falta de conciencia se olvido de buscarse a él mismo.

La puerta se abrió. Lucca soltó a Miguel de golpe, este se sobresaltó y sonrojó. André veía desde el umbral de la puerta a su hijo desnudo y a su mejor amigo echado junto a él; a pesar de su sorpresa evitó hacer algún gesto.

- Están bien – preguntó

- Sí – contesto Lucca confundido

- Ok. Hijo recuerda que tenemos que salir así que vístete rápido – lo miro fijamente - Nos vemos mañana Miguel.

- Claro, hasta luego – salió de la habitación. Se quedaron en silencio hasta escuchar la puerta del apartamento cerrarse.

- Cuéntame – se sentó en la cama – pero primero vístete – sonrió.

- No tienes por que usar tus cosas psicológicas conmigo

- No lo hago, eres mi hijo no un cliente.

- Acaso no te molestó

- Por que tendría que molestarme, yo también eh besado a hombres. Lo que si pudo admitir es que no esperaba verte haciéndolo.

- No se si hice lo correcto

- Por que lo piensas

- Estos últimos días creía que debía permanecer al lado de Miguel, mantenerlo cerca, luego creí que la única forma de hacerlo era estando con él, pero ahora ya no estoy tan seguro.

- Sabes por que

- No, quisiera poder entenderme – se tomo del cabello como desesperado.

- Sabes lo que pienso – poso su brazo encima del hombro de su hijo

- Dime – levanto la mirada

- Creo que has confundido tus sentimientos y que te has dejado guiar por tus celos. Entiendo que desde que miguel tiene pareja comparte menos tiempo contigo, pero no deberías sentirte afectado, si lo aprecias de verdad debe contentarte su felicidad. No es por hacerte sentir peor, pero ahora lo has puesto en una situación difícil por que lo mas seguro es que lo hayas confundido.

- Lo se.

- Deberías hablar con el. }

- Si, voy ahora mismo – se levanto y se dirigió hacia la puerta

- No crees que antes deberías ponerte pantalones.- reía

- Cierto, cierto - reía de su torpeza – sabes cual de sus celulares se llevo papá hoy.

- El nuevo.

- Chevere, en un rato lo llamo.

Lucca termino de ponerse el pantalón y salio del apartamento en busaca de Miguel. Tenía la mente despejada, libre de sus confusiones y aunque no sabía las muchas otras dificultades que el futuro le deparaba, fue confiado con la solución.