Aun no había amanecido, por momentos se escuchaba a algún carro yendo a toda velocidad, en las habitaciones a mezcla a humedad, sudor y sexo aun daba vueltas. Diego dio un leve giro en la cama, su brazo buscaba a su amante pero esta vez solo encontró los pliegues de la sabana sobre el colchón; se despertó, busco alrededor pero no encontró nada mas que el olor del cuerpo q buscaba. Se levanto de la cama, se puso la primera bata q encontró y salio de la habitación.

Encendió las luces del pasadizo, las huellas de agua aun estaban ahí; paso por el baño, estancia de su ultimo encuentro, algunas de las velas aun seguían prendidas la ropa tirada en el suelo y el olor a amor eran prueba de su deleite. Al pasar por el baño algunos recuerdos de hace pocas horas se le vinieron a la cabeza sonrió para si mismo. Segundos después abrió la puerta del estudio.

- me suponía q estarías aquí – André estaba frente a la computadora tecleando rápidamente – eh podido escucharte tecleando desde la habitación.

- Disculpa si te desperté – dijo sin despegar los ojos de la pantalla.

- No te preocupes es una broma – le sonreía – que haces trabajando a estas horas son las tres de la mañana, deslizo hacia un lado el teclado y se sentó en sus piernas.

- Está bien, tienes razón. Tenemos q salir dentro de pocas horas – se sacó los lentes y bostezó – pero déjame terminar estas ultimas líneas.

- Te espero en la habitación, apúrate no quiero estar solo – le dio un pequeño beso e intento levantarse pero lo tomo por la cintura haciendo q vuelva a sentarse y lo beso con pasión, rápidamente las reacciones corporales se hicieron notar – no me había dado cuenta q estabas desnudo.

- ¿quieres seguirme el paso? – sonrió. Despojo la bata del cuerpo de su amante, este separo sus piernas para poder sentarse sobre el y besarlo con mejor comodidad.

Las vergas excitadas chocaban dándose mutuo placer, expelían sus precoces fluidos manchando sus cuerpos, bañando de vida extinguida, de sabores inolvidables q pronto se llevarían a las bocas. Apretó las nalgas de su amante con suavidad y recorrió su espalda lento, como si su vida dependiera de ello; Diego tomo el sexo con su mano llevando a su boca los fluidos resultado de la excitación, luego masturbo a su amante lento, suave. De la misma forma en la q disponían sus labios en un ritmo melódico, el rose y toque de sus lenguas llevaban la cadencia de sus latidos al unísonos.

- esto me recuerda a la primera vez q llegamos al apartamento e inauguramos todas las estancias.

- Como olvidarme, de todo el mejor lugar fue…

- La cocina – dijeron a la vez y se rieron.

- Un momento – dijo Diego – q es lo q estabas escribiendo? – volteo el rostro y leyó en la pantalla “Ojos Color Universo” junto con otras cosas – estabas escribiendo sobre ese momento – volvieron a besarse con un leve pero entendible. “Te amo” “yo también te amo”.

Se levantaron de la silla y continuaron besándose, el ritmo iba aumentando. Comenzaban a morderse los labios, mirarse con lujuria, sobar sus entrepiernas entre ellas; comenzaba a subir el calor. Hicieron a un lado las cosas del escritorio precipitadamente y se echaron sobre el, continuaron los besos y las caricias exaltadas. A cuatro horas de su último encuentro estos amantes buscaban nuevamente demostrar su amor.

Uno se hecho completamente en el escritorio y el otro se sentó sobre su amante tomo los con las manos y comenzó a jugar con ellas preparándose para el desenlace. La verga expelía su nueva muestra, su estructura estable esperaba culminarse y su roja punta brillaba dando muestras de ansiedad. Se levanto un poco y después de unos segundos de ubicarse comenzaba a deslizarse sobre el pedazo de cielo q tenia a su disposición. Uno llevaba dentro al otro, pero para darle reciprocidad al pacer la verga suelta y excitada era masturbada.

Cambiaron de posición se levantaron del escritorio y lo usaron de apoyo. Se iniciaron las arremetidas un cuerpo se abría lo suficiente para recibir al otro, nuevamente se iba introduciendo y los gemidos volvían a escucharse. La velocidad aumentaba para las arremetidas, los gemidos crecían y una vez mas el sexo libre seria masturbado. Unos labios mordiendo un cuello y una mano tomando un trasero para evitar la separación, hacían el juego perfecto. Los cuerpos se estremecían, una gota de sudor bajaba por sus pechos y las vergas soltaban su divino liquido uno a las manos del amante, otro dentro de su cuerpo. El fluido en la mano fue consumido y nuevos besos mostraban sus deseos.

Los amantes agotados luego de sus dos encuentros se echaron abrazados al piso alfombrado, para descansar a las últimas horas antes de salir a trabajar